jueves, 23 de octubre de 2014

El corredor ilustrado.

Ese primer día en que te calzas unas zapatillas de deporte, una camiseta que normalmente usabas para estar tirado por casa, pantalón del equipo de fútbol, mp3 con tu música motivadora ¿Cuáles son tus metas ese día?


Llegas al parque, crees que eres un maratoniano desde el primer paso e intentas seguir el ritmo cansino del primer corredor que te cruzas, 20” más tarde, jadeante paras a atarte los cordones que nunca se habían, ni siquiera aflojado. Arrancas de nuevo y tu cabeza dice que te enganches al siguiente que pase, pero tus piernas, pulmones y corazón dicen que lo mejor es irte a casa o como mucho andar un poco rápido durante un rato, todavía no sabes lo que es x’/km.



Vuelves a casa, normalmente te duele hasta pestañear, pero te haces el fuerte delante de la familia y metido en la ducha es cuando te das cuenta de que no eres el maratoniano que pensabas, de que correr es duro, aunque para dura mi cabeza, así que en el primer hueco que encuentras coges el ordenador y buscas ese plan de entrenamiento que te lleve a ser un corredor aceptable.



Estas sentado frente al ordenador y como si éste fuese una chica a la que impresionar buscas un plan de entrenamiento para bajar de x’ en 10 km, cuando hace un rato te diste cuenta de que no eras capaz de correr ni 10 m sin llevar el número de urgencias preparado para llamar ¿Por qué, en estos casos, nos engañamos a nosotros mismos?


Llevas 5 días con el plan de entrenamiento y has reventado 6 veces ¡Pero oye! Lo estoy haciendo bien, ya corro 1 km y consigo mantener los pulmones dentro del cuerpo, esto de correr es duro, pero para dura mi cabeza.



Los 5 días se han convertido en 5 semanas, he pasado de correr escondido de la civilización a seguir el ritmo al abuelillo que hace 10 km todos los días, incluso algún día que otro consigo ponerme delante, en otras cinco semanas soy un maratoniano.



Te apuntas a esa primera carrera, sigues con tu pantalón de fútbol, las zapatillas las has cambiado dejándote impresionar por los modelos que lucen los corredores del parque, pero ahora llevas una camiseta técnica y tras unas semanas de entrenamiento bien llevado (en nuestra opinión) eres un maratoniano con la cabeza más dura que el suelo donde pisas.


El día de la carrera, cuando estas en la salida, probablemente sea el que más aprendas en esto de correr, escaneas el físico de las personas que te rodean y sonríes pensando que le ganarás a la gran mayoría.


Disparo de salida y nos pegamos al que a nuestro parecer es el más rápido de los que nos rodean, todavía tenemos la cabeza dura. X km o metros después de la salida vemos como el rápido y quien no es el rápido se nos aleja, pero lo que es peor, llevas un pulmón en cada mano y el corazón dándole patadas para que siga tu ritmo ¡Por Dios! Si he seguido el plan de entrenamiento de fulanito de tal, debería ir por el km tal, algo me falta, seguro que son los entrenamientos de calidad, que todavía no sé lo que son, pero suena bien.


Llegas a meta y ves que tu vecino lleva 20’ abrazando a sus nietos, has llegado 6º, 6º por la cola, te cruzas con los primeros conocidos, momento en el que tu capacidad para poner excusas coge la velocidad de la luz, no sabes mucho de atletismo, pero esos instantes los conocimientos te vienen por inspiración divina ( estreno zapatillas, pasé mala noche, el calor, el frio, los pezones, el estómago, falta de agua, 3 días sin entrenar,… pero la mejor de todas es: salí desde muy atrás).


La cabeza sigue dura, te falta calidad, haces más de 1 h en un 10000, pero te falta calidad, tienes que hacer cuestas, series y farleck (yo lo escribo así, los hago como de da la gana, para escribir no voy a cambiar).


Ostras, para hacer calidad necesito poner en el móvil esos programas que me dicen hasta el agua que debo beber o dejarme todos mis ahorros en un reloj con GPS (mi padre cuando le dije que el reloj llevaba GPS me dijo: ¿tan rápido corres que te pierdes por el camino?).


Ahora llevas un relojaco que te hace de 5 a 10” más rápido, tu camiseta técnica 5”, tus zapas 5”; ahora eres un verdadero maratoniano y en cuatro días haciendo series te fundes al vecino con nietos.



Tus conocimientos de atletismo llegan a nivel experto, tal es así que en cada conversación relacionada das un par de consejos, las series las has cambiado porque esas no son adecuadas, las cuestas las prefieres en bajada y los farleck no has llegado porque no entiendes muy bien el pelucazo.

Te inscribes para la carrera que se hace en 3 días, en esta ya sabes más que el que va a ganar, el día de la carrera haces un desayuno digno del mejor científico, no calientas para no cansarte tan rápido.

Otra salida escaneando rivales, sigues siendo mejor que el 100% de los corredores que te rodean y a los 500 m de la salida ya van dejándote atrás, en meta culpas al desayuno, al plan de entrenamiento e incluso a la mariposa que batió las alas en la otra punta del mundo.


Sigues pensando que algo te falta, seguro que es falta de hacerte una descarga, llevas muchos km acumulados, vas al fisio justo después del entrenamiento y no dices una verdad así te maten ¿Cuántos km semanales haces a la semana? Dices 50 cuando en realidad son 80 o más…


Ha pasado el tiempo, vas a tu carrera número ciento y pico, has mejorado por esa cabeza dura, un entrenador nacional sabe menos que tu sobre atletismo, has cambiado el pantalón de futbol por uno que te hace 2” más rápido, sabes tantas excusas como carreras a las que has ido, pero tu vecino sigue abrazando a sus nietos cuando tú sigues corriendo para llegar a meta ¡Claro! Este tío tiene una cámara hiperbárica en su casa, así cualquiera.



¿Qué fueron de las metas que tenías el primer día que saliste a correr?