Ese primer día en que te calzas unas zapatillas de
deporte, una camiseta que normalmente usabas para estar tirado por casa,
pantalón del equipo de fútbol, mp3 con tu música motivadora ¿Cuáles son tus
metas ese día?
Llegas al parque, crees que eres un maratoniano
desde el primer paso e intentas seguir el ritmo cansino del primer corredor que
te cruzas, 20” más tarde, jadeante paras a atarte los cordones que nunca se
habían, ni siquiera aflojado. Arrancas de nuevo y tu cabeza dice que te
enganches al siguiente que pase, pero tus piernas, pulmones y corazón dicen que
lo mejor es irte a casa o como mucho andar un poco rápido durante un rato,
todavía no sabes lo que es x’/km.
Vuelves a casa, normalmente te duele hasta
pestañear, pero te haces el fuerte delante de la familia y metido en la ducha
es cuando te das cuenta de que no eres el maratoniano que pensabas, de que
correr es duro, aunque para dura mi cabeza, así que en el primer hueco que
encuentras coges el ordenador y buscas ese plan de entrenamiento que te lleve a
ser un corredor aceptable.
Estas sentado frente al ordenador y como si éste
fuese una chica a la que impresionar buscas un plan de entrenamiento para bajar
de x’ en 10 km, cuando hace un rato te diste cuenta de que no eras capaz de
correr ni 10 m sin llevar el número de urgencias preparado para llamar ¿Por
qué, en estos casos, nos engañamos a nosotros mismos?
Llevas 5 días con el plan de entrenamiento y has
reventado 6 veces ¡Pero oye! Lo estoy haciendo bien, ya corro 1 km y consigo
mantener los pulmones dentro del cuerpo, esto de correr es duro, pero para dura
mi cabeza.
Los 5 días se han convertido en 5 semanas, he
pasado de correr escondido de la civilización a seguir el ritmo al abuelillo
que hace 10 km todos los días, incluso algún día que otro consigo ponerme
delante, en otras cinco semanas soy un maratoniano.
Te apuntas a esa primera carrera, sigues con tu
pantalón de fútbol, las zapatillas las has cambiado dejándote impresionar por
los modelos que lucen los corredores del parque, pero ahora llevas una camiseta
técnica y tras unas semanas de entrenamiento bien llevado (en nuestra opinión)
eres un maratoniano con la cabeza más dura que el suelo donde pisas.
El día de la carrera, cuando estas en la salida,
probablemente sea el que más aprendas en esto de correr, escaneas el físico de
las personas que te rodean y sonríes pensando que le ganarás a la gran mayoría.
Disparo de salida y nos pegamos al que a nuestro
parecer es el más rápido de los que nos rodean, todavía tenemos la cabeza dura.
X km o metros después de la salida vemos como el rápido y quien no es el rápido
se nos aleja, pero lo que es peor, llevas un pulmón en cada mano y el corazón
dándole patadas para que siga tu ritmo ¡Por Dios! Si he seguido el plan de
entrenamiento de fulanito de tal, debería ir por el km tal, algo me falta,
seguro que son los entrenamientos de calidad, que todavía no sé lo que son,
pero suena bien.
Llegas a meta y ves que tu vecino lleva 20’
abrazando a sus nietos, has llegado 6º, 6º por la cola, te cruzas con los
primeros conocidos, momento en el que tu capacidad para poner excusas coge la
velocidad de la luz, no sabes mucho de atletismo, pero esos instantes los
conocimientos te vienen por inspiración divina ( estreno zapatillas, pasé mala
noche, el calor, el frio, los pezones, el estómago, falta de agua, 3 días sin
entrenar,… pero la mejor de todas es: salí desde muy atrás).
La cabeza sigue dura, te falta calidad, haces más
de 1 h en un 10000, pero te falta calidad, tienes que hacer cuestas, series y
farleck (yo lo escribo así, los hago como de da la gana, para escribir no voy a
cambiar).
Ostras, para hacer calidad necesito poner en el
móvil esos programas que me dicen hasta el agua que debo beber o dejarme todos
mis ahorros en un reloj con GPS (mi padre cuando le dije que el reloj llevaba GPS
me dijo: ¿tan rápido corres que te pierdes por el camino?).
Ahora llevas un relojaco que te hace de 5 a 10”
más rápido, tu camiseta técnica 5”, tus zapas 5”; ahora eres un verdadero
maratoniano y en cuatro días haciendo series te fundes al vecino con nietos.
Tus conocimientos de atletismo llegan a nivel
experto, tal es así que en cada conversación relacionada das un par de
consejos, las series las has cambiado porque esas no son adecuadas, las cuestas
las prefieres en bajada y los farleck no has llegado porque no entiendes muy
bien el pelucazo.
Te inscribes para la carrera que se hace en 3 días,
en esta ya sabes más que el que va a ganar, el día de la carrera haces un
desayuno digno del mejor científico, no calientas para no cansarte tan rápido.
Otra salida escaneando rivales, sigues siendo
mejor que el 100% de los corredores que te rodean y a los 500 m de la salida ya
van dejándote atrás, en meta culpas al desayuno, al plan de entrenamiento e
incluso a la mariposa que batió las alas en la otra punta del mundo.
Sigues pensando que algo te falta, seguro que es
falta de hacerte una descarga, llevas muchos km acumulados, vas al fisio justo después
del entrenamiento y no dices una verdad así te maten ¿Cuántos km semanales
haces a la semana? Dices 50 cuando en realidad son 80 o más…
Ha pasado el tiempo, vas a tu carrera número
ciento y pico, has mejorado por esa cabeza dura, un entrenador nacional sabe
menos que tu sobre atletismo, has cambiado el pantalón de futbol por uno que te
hace 2” más rápido, sabes tantas excusas como carreras a las que has ido, pero
tu vecino sigue abrazando a sus nietos cuando tú sigues corriendo para llegar a
meta ¡Claro! Este tío tiene una cámara hiperbárica en su casa, así cualquiera.
¿Qué fueron de las metas que tenías el primer día
que saliste a correr?